Concepto de Ciudadanía

CIUDADANÍA


La ciudadanía es una categoría clave que media la relación sujeto- Estado. La ciudadanía es la reivindicación y reconocimiento de derechos y deberes de un sujeto frente a un poder.
Define a los sujetos frente al Estado nación y por el otro, protege a los sujetos frete a los poderes del Estado. Se trata pues de un complicado mecanismo (no estático) de derechos y obligaciones, que sirve en primer término para pautar las reglas del juego social, cuyo sentido es mantener el equilibrio entre la libertad y la seguridad.
Ser ciudadano es entonces pertenecer a una “clase” de cualidades y características que han sido establecidas, regularmente, desde el propio Estado.
El origen del ser ciudadano, principal actor político de la sociedad moderna, irrumpe como tal hacia fines del siglo XVIII, producto de transformaciones filosóficas, políticas y económicas producidas en Europa, tres diferentes aspectos contenidos, históricamente dados en la condición de ciudadanía: la civil, la política y la social.
* La ciudadanía civil, bajo la que quedan englobados o definidos todos los habitantes dentro del territorio del Estado-nación.
* La ciudadanía política que establece otras definiciones, al elevar a la condición ciudadana sólo a aquellos individuos que reúnen ciertas características: la edad, un “expediente” limpio, y en un principio, el género.
* La ciudadanía social, que aparece en la fase del Estado de bienestar y que, vinculada a la civil, otorga a todos los miembros del Estado nacional, un conjunto de beneficios sociales como la educación, la salud, la vivienda, etc.
Sin embargo sabemos que aunque esta definición en el papel es impecable y obedece a una lógica más o menos incluyente, por la vía de los hechos, ha generado terribles y dolorosas exclusiones e injusticias.
Porque si la dimensión civil asume como definición de ciudadanía a todos los miembros de un territorio nacional, las evidencias empíricas que señalan la extrema vulnerabilidad de ciertos grupos sociales frente a la nación; en términos históricos principalmente los indígenas y actualmente también los grupos homosexuales, las minorías religiosas, los jóvenes, las mujeres, entre otros. Así el derecho ciudadano por la vía territorial, es un criterio siempre en fuga que se vincula a la marginación y a la exclusión de grupos que no se consideran –desde la lógica dominante- merecedores de la definición ciudadana; situación que hoy se agudiza y se complejiza en virtud de la ola acelerada de migraciones planetarias.
Y en el plano de lo político, la situación no es mejor. Si esta dimensión se define especialmente por el derecho a la participación en los asuntos de interés colectivo (lo electoral es su piedra angular), resulta ampliamente documentable que en este nivel se agravan los procesos excluyentes de la dimensión civil, al excluir del ámbito de las decisiones y de las participaciones a los sectores vulnerables cuya capacidad de acción pública se ve reducida por la organización partidista y corporativa que no logra admitir la esfera de las diferencias culturales como un elemento sustantivo para la decisión y participación política. La cuestión de género, las adscripciones religiosas, las complejas pertenencias culturales, son por un lado invisibilizadas en la fase política de la ciudadanía y por el otro, son homogeneizadas por las maquinarias partidistas.
La ciudadanía social, es sin duda, la más golpeada de todas estas dimensiones. Las políticas económicas neoliberales aunadas al fortalecimiento de la lógica del mercado y al entreguismo han terminado por reducir al límite de lo tolerable, las políticas públicas destinadas a brindar, aunque sea mínimamente, el acceso a ciertas garantías sociales, fundamentales para sobrevivir a las condiciones que impone el libre comercio y el debilitamiento del Estado. La pobreza, las precarias condiciones de salud, la falta de escolaridad, el desempleo, la violencia y la inseguridad, pueden ser leídos como síntomas graves, del repliegue del Estado-nación que abandona a su suerte a los más vulnerables, que son los no-ciudadanos, los cuerpos prescindibles, la molestia permanente de cara al triunfo de un proyecto que sólo considera “ciudadanos” a los que pueden hacer frente al consumo y acatan dócilmente los mandatos de los “nuevos” poderes[1].

La ciudadanía en Argentina
En la mayor parte de los países de América Latina, y Argentina no fue excepción, la construcción de la ciudadanía fue (y es) un proceso que no solo se desarrollo de forma tardía respecto de los países centrales, fundamentalmente europeos, sino que en general, los distintos tipos de ciudadanía, civil, política y social, se presentaron diacrónicamente respecto el modelo antes planteado.
La construcción de la ciudadanía política es posible, luego de una larga lucha de los sectores populares, y lograda para estos con la concreción del sufragio universal, a nivel nacional a partir de 1916. Proceso este que fuera consolidado con la incorporación de la mujer recién en 1951.
Simultanea a la construcción de la ciudadanía política, la que fuera muchas veces interrumpida en su desarrollo por rupturas del orden institucional, fue desarrollándose en Argentina la ciudadanía social, desde mediados de la década del 20 y más decididamente a partir de que cobrase mayor importancia la intervención del Estado en la economía, después de la crisis mundial de 1929. Ambas dimensiones de la ciudadanía se desenvolvieron conjuntamente, alcanzando la segunda uno de los mas importantes desarrollos de toda América latina, encontrándose las clases trabajadoras argentinas en una situación similar a las de Europa occidental, para principios de la década de 1970[2].

Ciudadanía e Identidad
María Cristina Mata en su artículo “Comunicación, ciudadanía y poder: pistas para pensar su articulación” da cuenta que: “El ejercicio de la ciudadanía ha desbordado hace tiempo, en el marco de la teoría política, la estrecha esfera de la titularidad y ejercicio de los derechos civiles y políticos de carácter universal íntimamente relacionados con el sistema de gobierno y la estructura social y económica de un país" para complejizarse y expandirse, incorporando la problemática de la diversidad y la diferencia y sobrepasando los marcos de referencia estrechamente estatales. Así, reconociendo la lógica de la globalización, la noción de ciudadanía es el recurso necesario para re-pensar un modo de ser en el mundo ampliado; es decir, para pensar el intercambio y la vinculación simbólica de los individuos en un espacio vuelto común por las tecnologías de producción y distribución de información y productos mediáticos, así como por la desterritorialización de procesos productivos, los procesos migratorios y las interacciones mundiales en términos de negocio y entretenimiento. En esta esfera, la noción de ciudadanía se tematiza en vinculación con la problemática de las identidades y el multiculturalismo; en referencia a consumos y comunidades hermenéuticas; pero también a demandas y reivindicaciones que trascienden las fronteras. El Estado nación, fuente de reconocimiento y marco jurídico de pertenencia, garante de derechos cívicos, ya no es capaz de contener problemas que lo sobrepasan como lo expresan los movimientos ecológicos o de género ni resulta el proveedor sustantivo de imágenes colectivas.

Ciudadanía y comunicación
La ciudadanía comenzó a nombrar, en la última década del siglo pasado, un modo específico de aparición de los individuos en el espacio público, caracterizado por su capacidad de constituirse como sujetos de demanda y proposición en diversos ámbitos vinculados con su experiencia: desde la nacionalidad y el género hasta las categorías laborales, y las afinidades culturales. Asociada con esta remozada noción de ciudadanía, la comunicación ha adquirido, desde diversas perspectivas, un estatuto polivalente y de primer rango. La creciente exhibición en los medios masivos de comunicación de distintas prácticas tradicionalmente reconocidas como prácticas políticas suele ser tematizada como un enriquecimiento y ampliación del espacio público que contribuiría al fortalecimiento de la ciudadanía debido al incremento de las posibilidades informativas de la población, una creciente expresividad de lo social, una mayor posibilidad de ejercer la vigilancia y el control de los actos de gobierno y de otros sectores de poder. Los medios son, para algunos, el lugar de realización plena de esa comunidad inclusiva que nuestros países niegan, de esa ciudadanía meramente nominal o incompleta derivada de las profundas desigualdades económicas y sociales en que vivimos y que conculca no sólo los derechos ciudadanos sino que impide el cumplimiento de las obligaciones que esa condición conlleva y hasta la misma posibilidad de reconocer y reivindicar aquellos derechos. La comunicación se reconoce como fundante de la ciudadanía en tanto interacción que hace posible la colectivización de intereses, necesidades y propuestas. Ese reconocimiento de la comunicación como condición de posibilidad de la ciudadanía es, al tiempo, condición de posibilidad de la política”[3].



Ciudadanía y Globalización
Paralelamente al proceso de globalización económica que estamos viviendo, según Margarita Barretto, somos protagonistas de un proceso de globalización de la cultura y de las prácticas sociales con la consiguiente resignificación de conceptos y valores.
Los medios de comunicación, la posibilidad de traslados, la literatura, los deportes, todo contribuye para que cada vez el individuo esté más integrado en el mundo, y sienta que pertenece a una comunidad desterritorializada.
Esto tiene repercusiones en el sentimiento de identidad, que ya no se define tanto por nacionalidad sino más bien por la pertenencia a "tribus" que se constituyen independientemente de la proximidad física, en torno de intereses comunes, uno de ellos, el consumo.
La cultura joven es un claro ejemplo de esta cuestión, consumiendo o aspirando a consumir la misma ropa, la misma música y la misma comida en diversos lugares del mundo.

Qué significa hoy ser un ciudadano
Para una gran parte de las personas, ser ciudadano es tener derecho a poseer aquello que otros poseen. Hoy ser ciudadano no es apenas estar al amparo del estado en que el sujeto nació y tener dentro de él derechos políticos, civiles y sociales. La ciudadanía se refiere a las "prácticas sociales y culturales que dan sentido de pertenencia". Y lo que da sentido de pertenencia es la posibilidad de tener acceso a lo mismo que el grupo de referencia, tanto en materia de bienes cuanto de servicios.
Este mismo cosmopolitismo lleva a que el concepto de ciudadanía, que antes estaba referido a un derecho de participar de las decisiones en la esfera de la política, pase hoy por la esfera de lo civil, con un énfasis en los derechos del consumidor.
El hombre pos moderno se interesa poco por la política; quiere consumir los diversos bienes que están en el mundo y desea viajar para consumir la cultura de los diferentes países[4].


[1] REGUILLO, Rossana. La comunicación en la re/construcción de Ciudadanías políticas y culturales

[2] LÓPEZ de LEMOS, Liliana; MAGNIN, Juan Pablo. Ciudadanía, espacio público y morfología urbana. Una vista a los obstáculos en la construcción de la ciudadanía, en la Santa Fe actual.
[3] MATA, María Cristina. Comunicación, ciudadanía y poder: pistas para pensar su articulación

[4] http://www.naya.org.ar/articulos/global01.htm . Ciudadanía, Globalización y Migraciones


Autoras: María Delfina Belli
Corina Lentini Riso
María Cecilia Pereyra

 


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